Crónicas ochenteras queretanas

Por: Raúl Álvarez Huerta
Imagen: IA

Crónicas ochenteras queretanas es una significativa antología de narrativas en el contexto de los años 80 y algunas del nuevo milenio. Su intención es recrear una década que ahora forma parte de la memoria colectiva de una generación. La narrativa llega a tiempos más pretéritos que forman parte de los anecdotarios del autor, pero que, a la vez, podrán encontrar coincidencias con los jóvenes del siglo XXI. 

Un texto escrito en el contexto de una ciudad que ha vivido todo tipo de cambios, vistos desde el comienzo de una década que ahora causa todo tipo de nostalgias, a través de la música. La literatura es una fuente formidable para compartir ideas, que tienen su propia génesis en el rock como hilo conductor y motivador, que nos lleva a la formación de un collage musical de recreaciones o narraciones que vendrán a ser, el mecanismo sensitivo que logra conectar el pasado con el presente, por un pretérito que cada vez crea más olvidos involuntarios, y con el paso del tiempo, las lagunas mentales serán cosa común en los fueron jóvenes en los ochenta. 

Los términos aquí utilizados, podrían tener un significado lógico pero no pretencioso ni mucho menos rebuscado, en esa inercia es más bien asociativo, estado de cosas que lo conducen a una interpretación personal que pueda encontrar coincidencias con los lectores, y a la vez no dejar que se borre de vuestras memorias. Aun cuando debemos de ver el retrovisor sólo en casos de necesidad de nostalgia, sin la necesidad de quedarnos atrapados en un tiempo que ya fue y no va volver. Pídele al tiempo que vuelva, es sólo el título de una película.

El libro contiene algunos títulos de canciones con una interpretación personal. Cuando la traducción literaria sólo es punto de inflexión, la prosa que componen la redacción va hacia atrás y hacia adelante en un tiempo pretérito, necesitado de volverlo un remenber.

Crónicas ochenteras podría ser a la vez un ensayo expositivo que lleva al autor a la redención social, y a plasmar en letras, vivencias armonizadas y fusionadas en una década de música pop. Igual va de la narrativa a las metáforas, y de lo anecdótico a notas culturales del dominio público, con el rock and roll como movimiento social. 

De la necesidad de expresar una emoción a través de las letras hispanas, a compartir el gusto por la crónica urbana. De la retrospectiva que no nos impide caer en el bache eterno del pasado, a la abstracción como herramienta literaria que nos permite regresar al pasado, mirando el futuro, viviendo el presente. De desentrañar algunas verdades que se pueden compartir, a convertir un pasado que cada vez se ve más lejano. Un libro donde se recrea el ambiente en la Arena Querétaro, la plaza de toros Santa Maria, el Club de Leones, el Casino Modelo de la feria, el Museo de la Ciudad con una tocada de rock, y otros lugares comunes de nuestra ciudad. 

La literatura es un mecanismo perfecto para expresar realidades experimentadas en primera persona, que no se vuelven un estorbo para caminar. En Crónicas ochenteras el autor da clic al interruptor interno que permite volver a una época que ahora causa nostalgia entre quienes la sintieron, vieron y vivieron. 

El texto fue la búsqueda de un rompecabezas de la vida de adolescente, recuperando piezas perdidas que estaban en su lugar hace 40 años, intentando que la memoria no traicione al autor o en el peor de los casos, nos haga ver cosas que no fueron. El libro es un intento por darle forma y sentido a cosas que comenzaron a suceder hace cuatro décadas, en esa inercia, este escrito no intenta establecer verdades absolutas. En física todo está sujeto a comprobación, y esta redacción no está exenta de esa dinámica..

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