La política queretana vive una quincena de señales cruzadas. Desde el julio pasado, los aspirantes a la gubernatura parecen moverse como acciones de una bolsa de valores, algunos suben, otros bajan y otros prefieren mantenerse a la espera. El PAN y Morena concentran buena parte de la atención, pero el verdadero mensaje de estas semanas está en otro lado, la carrera todavía está abierta y cada fotografía, cada evento y cada tropiezo puede modificar la percepción sobre quién tiene posibilidades reales.
En Acción Nacional, el nombre que más resiente este movimiento es Felifer. El alcalde de Querétaro llega a esta quincena con varios frentes que, desde el análisis, debilitan su eventual aspiración a la gubernatura. Su principal fortaleza (la visibilidad) también es su mayor vulnerabilidad. Como presidente municipal está expuesto a los problemas cotidianos de la ciudad: cuando hay basura, lluvias, inundaciones o decisiones polémicas, su nombre aparece inevitablemente. Esa exposición puede impulsar una candidatura, pero también puede convertir cada error en un costo político.
El episodio de la venta de predios es uno de los golpes señalados en la conversación. La decisión generó cuestionamientos y terminó siendo replanteada, mientras algunos regidores defendieron la capacidad del alcalde para escuchar a la ciudadanía. El problema, sin embargo, está en la contradicción que se plantea: si el gobierno dice escuchar a los vecinos después de una decisión cuestionada, queda la duda de por qué no lo hizo antes. A esto se suma el dren de Peñuelas, una obra considerada importante para la ciudad que ha enfrentado retrasos derivados de las lluvias y que, según lo expuesto, incluso ha tenido como consecuencia la pérdida de maquinaria y una vida. La lluvia, en esta lectura, no solo afecta una obra, también golpea una aspiración política.
Por eso, la conclusión de la quincena es contundente, hoy no parecería el mejor momento para pensar en Felifer como candidato a gobernador. Si llegara a competir y los problemas relacionados con lluvias e infraestructura continuaran, su eventual campaña tendría que enfrentar no solamente a sus adversarios políticos, sino también a una narrativa difícil de controlar.
Mientras Felifer baja, Agustín Dorantes aparece como un perfil que se mantiene. Las fotografías vuelven a jugar aquí un papel central. Su presencia junto a Luis Nava en un evento en casa de Felifer es interpretada como una señal de unidad entre distintos actores panistas. También Luis Nava aparece con fuerza en otra imagen, la inauguración de una pizzería donde coincidió con figuras vinculadas al proceso político y al sector empresarial. Más que afirmar acuerdos que no están confirmados, lo que muestran esas fotografías es la importancia de las relaciones y de los mensajes visuales en una carrera donde muchas veces la forma comunica más que el discurso.
Chepe Guerrero, por su parte, tampoco abandona la contienda. El análisis lo coloca entre los perfiles competitivos y señala que su cercanía con Mauricio Kuri le permite administrar sus tiempos. Su actividad desde el Senado, alrededor de la llamada “ley Chepe”, mantiene visible su nombre y le permite continuar promoviendo su figura sin abandonar la aspiración de convertirse en candidato. En este escenario, la fotografía también funciona como lenguaje político, una imagen puede sugerir unidad, cercanía o respaldo incluso cuando no existe un anuncio formal.
En Morena el panorama es distinto. Santiago Nieto y Gilberto Herrera se mantienen como los perfiles que encabezan las encuestas mencionadas en la conversación, pero ambos parecen dosificar sus movimientos debido a que todavía no existe una fecha definida para conocer al candidato. La estrategia, entonces, es administrar tiempo, recursos y exposición. Luis Humberto Fernández, en cambio, aparece como el perfil que más ha crecido. Su menor exposición inicial podría convertirse precisamente en una ventaja, tiene menos desgaste y menos flancos abiertos que quienes han ocupado posiciones más visibles. Sus eventos recientes buscan darle mayor fuerza y proyectarlo como una candidatura con estructura.
Y mientras PAN y Morena ajustan sus piezas, Movimiento Ciudadano también aparece como una variable. Paul Ospital mantiene su intención de competir, pero la posibilidad de una candidatura femenina abre otra incógnita. Tere Calzada es mencionada entre las posibilidades, aunque la propia conversación advierte que necesita recomponer su imagen después de cuestionamientos relacionados con identidad de género y paridad. El debate sobre la reducción de candidaturas femeninas en determinados municipios deja además una lectura política, cuando los acuerdos partidistas pesan más que la representación, la paridad corre el riesgo de convertirse en un avance solamente formal.
La conclusión de esta quincena es que la elección todavía no tiene dueño. Lo que existe son movimientos, señales y estrategias. Cada partido debe decidir no solo quién puede ganar una candidatura, sino quién puede sostenerla cuando llegue el momento de enfrentar al resto. En Querétaro, la política electoral se parece cada vez más a un rompecabezas, las piezas cambian de lugar, algunas desaparecen del tablero y otras comienzan a ocupar espacios que antes parecían imposibles. La pregunta ya no es únicamente quién está arriba, sino quién logrará mantenerse ahí cuando lleguen las decisiones definitivas.
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