La política también se construye con los silencios. Y el de Mauricio Kuri sobre su futuro después de 2027 resulta más interesante que cualquier destape.
Hoy, la posibilidad de que el gobernador termine su administración y busque una diputación federal plurinominal no parece descabellada. Desde ahí podría convertirse en coordinador de la bancada del PAN en San Lázaro y mantener una posición de influencia nacional. Sería, además, una ruta lógica para quien ya conoce el Senado y ha ocupado posiciones de liderazgo parlamentario.
El verdadero objetivo, sin embargo, podría estar más lejos: 2030. Si Kuri consigue entregar Querétaro al PAN, conservar influencia dentro del partido y convertirse en una figura de consenso, una candidatura presidencial podría dejar de ser una especulación para convertirse en proyecto.
Por ahora, Kuri niega tener interés en buscar otro cargo. Pero en política, decir que no se busca algo también puede ser una manera de no adelantar los tiempos.
Y en ese tablero aparece una fotografía que vale más que mil discursos: Francisco Domínguez y Ricardo Anaya juntos, después de años de diferencias. La reunión panista de agosto de 2026 fue presentada como un cierre de filas rumbo a 2027, y el propio Kuri destacó la “generosidad” de ambos para construir unidad.
¿Es reconciliación o estrategia? Probablemente ambas. Porque si el PAN quiere conservar Querétaro en 2027, necesita primero ordenar su casa. Y si Kuri piensa realmente en 2030, necesita precisamente eso: un partido unido, una sucesión ordenada y un liderazgo nacional que no nazca de la confrontación, sino del consenso.
La paradoja es evidente: mientras Pancho y Anaya parecen guardar las armas, Kuri podría estar pensando no en 2027, sino en 2030.
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