Querétaro enfrenta una paradoja que puede resumirse en una frase, «es víctima de su propio éxito». El estado atrae población, empleo, inversión y nuevas oportunidades, pero ese mismo crecimiento está llevando al límite la infraestructura que durante años acompañó su transformación. En este escenario, la Comisión Estatal de Infraestructura (CEI), encabezada por Sonia Carrillo, aparece como una de las piezas encargadas de responder a una pregunta que ya no puede posponerse, ¿cómo se prepara una ciudad que crece a un ritmo cada vez mayor para el Querétaro que viene?
La respuesta, de acuerdo con lo expuesto en el podcast, no está solamente en construir más carreteras. Está en planear con anticipación, incorporar tecnología, escuchar a las nuevas generaciones y entender que para el ciudadano poco importa si una obra corresponde al municipio, al estado o a la Federación. El ciudadano quiere algo mucho más sencillo que es movilidad.
Durante los cinco años referidos en la conversación, la CEI ha realizado más de 400 obras de distintos tipos, desde trabajos en el aeropuerto y el sector salud hasta parques, canchas, carreteras, distribuidores y pasos a desnivel. También se ha encargado del mantenimiento de alrededor de 100 kilómetros de carreteras estatales. Detrás de esas obras, sin embargo, hay una estructura que pocas veces aparece en la fotografía del resultado, los camineros, albañiles, peones y trabajadores que hacen posible que la infraestructura exista y funcione.
Y quizá ahí se encuentra una de las ideas más importantes de esta conversación: el progreso no se construye únicamente con grandes proyectos. También depende del trabajo cotidiano que permite que esos proyectos lleguen a la ciudadanía.
El reto se hizo particularmente evidente con las contingencias que afectaron a ocho municipios de la Sierra Gorda y el Semidesierto. La respuesta de los camineros estatales fue inmediata y permitió retirar más de 100 derrumbes que impedían el acceso a comunidades donde habían quedado interrumpidos alimentos, medicinas y otros servicios. La infraestructura, en ese momento, dejó de ser una discusión sobre concreto y maquinaria para convertirse en una cuestión de acceso y de vida cotidiana.
Pero si algo demuestra el caso de Querétaro es que el éxito también genera problemas nuevos. La llegada de personas, empresas y actividades económicas incrementa la presión sobre las vialidades. El estado, según lo planteado en la conversación, recibe diariamente a 126 personas atraídas por sus condiciones para vivir y trabajar. Esa dinámica obliga a pensar más allá del presente.
Y ahí aparece el segundo gran desafío, el tren.
La obra ferroviaria representa una oportunidad, pero también una presión adicional sobre una ciudad que ya enfrenta problemas de movilidad. La CEI señala que se requieren 40 obras complementarias para que el proyecto pueda funcionar adecuadamente y que el gobierno estatal mantiene comunicación constante con las autoridades federales para coordinar las intervenciones. La preocupación no es menor, una obra de esa magnitud puede modificar los flujos vehiculares y generar afectaciones si no se construye una estrategia alrededor de ella.
Aquí es donde la política pública se encuentra con la percepción ciudadana. El gobierno puede repartir competencias entre Federación, estado y municipio, pero quien está atrapado en el tráfico no distingue niveles de gobierno. Quiere llegar a su destino. Esa parece ser precisamente la lógica que se atribuye al gobernador, asumir los problemas de Querétaro sin convertir la división de competencias en una excusa para no actuar.
Por eso, la discusión sobre infraestructura no debería limitarse a cuánto se construye, sino a qué tan preparada está la ciudad para lo que viene. El propio proyecto de planeación mencionado contempla una visión hacia 2050, bajo la idea de que Querétaro no puede planearse únicamente para seis años. Y esa perspectiva resulta especialmente relevante cuando la conversación ya incluye metro, teleféricos, vehículos autónomos e incluso la posibilidad de pensar en ciudades preparadas para autos voladores.
Puede sonar exagerado imaginar hoy una ciudad con automóviles que vuelan o circulan sin conductor. Sin embargo, el punto no es adivinar cuándo llegarán esas tecnologías, sino reconocer que la infraestructura que se construya hoy tendrá que convivir con formas de movilidad que todavía están evolucionando.
Para ello, la renovación generacional también juega un papel importante. Más del 60 por ciento del personal de la CEI, según lo señalado en la conversación, está integrado por jóvenes y profesionistas, varios con estudios de posgrado. Son ellos quienes están impulsando la incorporación de tecnología, innovación, inteligencia artificial y herramientas propias de software dentro de la institución.
El desafío, entonces, no es solamente construir el Querétaro del presente. Es evitar que la infraestructura de hoy se convierta en el problema de mañana.
Querétaro cambió de manera exponencial. La ciudad que décadas atrás tenía pocas opciones de transporte hoy enfrenta una realidad completamente distinta, con nuevas vialidades, aeropuerto, crecimiento urbano y proyectos de gran escala. Ahora toca decidir si ese crecimiento seguirá reaccionando a las necesidades cuando aparezcan o si será capaz de anticiparse a ellas.
La apuesta que se desprende de esta conversación es clara, resolver, sumar y volver a resolver. No porque el crecimiento sea sencillo, sino precisamente porque Querétaro ya no puede permitirse pensar pequeño. Su éxito lo obliga a mirar hacia adelante.
Y quizá ese sea el verdadero reto de la infraestructura queretana: no solamente construir caminos para la ciudad que existe, sino comenzar desde hoy a construir los caminos que necesitará la ciudad que todavía no conocemos.
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