CHOQUE ENTRE PANISTAS Y MORENISTAS

La política queretana parece haber encontrado una forma de distraer la discusión pública: pelear por el color de un puente mientras las obras que afectan la vida cotidiana siguen esperando. El recap de la semana deja un escenario donde los partidos se acusan y calculan, mientras los ciudadanos siguen preguntándose cuándo estarán terminadas las obras y quién responde.

El puente ferroviario en Álamos y Pedregal de Querétaro es un ejemplo. Fue pintado de guinda y eso provocó el enfrentamiento entre panistas y morenistas. Pero, ¿qué está realmente en juego? Más allá del color, el debate revela cómo los partidos convierten una obra pública en símbolo de competencia política. La pregunta es si el puente funciona. En esa lógica, el color debería ser lo menos importante. El debate se aleja de lo verdaderamente urgente. Sin embargo, también queda la discusión sobre la normativa y sobre quién decidió pintarlo así. Según lo expuesto, fue el Ejército, y el posterior cambio de postura alimentó las lecturas políticas sobre la relación entre el gobierno estatal, el federal y la presidenta.

El problema cambia de dimensión con la carretera 57. ¿Quién es responsable de que una obra lleve tantos años sin concluir? La conversación recuerda que comenzó con Felipe Calderón y atravesó distintos gobiernos y colores partidistas. Por eso, utilizarla como arma contra un solo partido resulta un cálculo político cuestionable. La crítica de Acción Nacional hacia la obra federal contrasta con los pendientes que existen dentro de Querétaro, mientras Morena también tiene obras señaladas. Cada partido parece mirar la falla del contrario sin detenerse demasiado en las que tiene enfrente.

Y ahí aparece el Dren Peñuelas. ¿Por qué importa? Porque, de acuerdo con la conversación, debió concluir en marzo y sigue pendiente. Las lluvias incluso habrían afectado los avances. El dren puede golpear la imagen de Felifer y abrir espacio para otros nombres dentro de la competencia panista. La obra se convierte así en una pieza del tablero electoral.

Ese tablero también se mueve alrededor de Pancho Domínguez. Sin entrar en un expediente que, según se señala, permanece secreto, el impacto político de las denuncias mediáticas ya existe. El gobernador lo mostró cobijado en un evento, sentado a su lado, en una señal que puede leerse como respaldo. Más allá de los asuntos legales que no se conocen, lo que se observa es un choque entre grupos de poder que puede escalar y tener consecuencias rumbo a las elecciones de 2027.

La falta de información también aparece en las dudas alrededor de Alejandro Sterling. Una explicación oficial limitada a asuntos personales puede abrir espacio a versiones y sospechas. La discusión debería centrarse en las decisiones públicas y sus razones. La transparencia es parte de la responsabilidad de quien ocupa un cargo.

Pero quizá la parte más reveladora está fuera de las grandes disputas partidistas: está en un árbol que cayó, en los baches, en los postes viejos y en los riesgos que ya pueden observarse en las calles. ¿Por qué esperar a que ocurra un accidente para revisar los árboles? ¿Por qué reaccionar después de los daños en lugar de prevenirlos? La sociedad civil, según se cuenta, ya comenzó a organizarse para identificar árboles inclinados y otros posibles riesgos.

Al final, los temas parecen distintos, pero cuentan la misma historia. Un puente se vuelve pleito por su color; una carretera, argumento electoral; un dren, amenaza para una candidatura; una denuncia, batalla entre familias políticas; una salida de un funcionario, terreno fértil para rumores; y un árbol caído, motivo para crear una comisión que quizá debió existir antes.

¿Quién gana con esta dinámica? Difícilmente el ciudadano. ¿Qué debería importar? Que las obras funcionen, que la información sea clara y que la autoridad prevenga antes de reaccionar. ¿Cuándo? Antes del siguiente accidente o la siguiente pelea partidista. ¿Dónde? En el Querétaro que existe más allá de los micrófonos. ¿Por qué? Porque mientras los partidos discuten colores, responsabilidades y conveniencias, los pendientes siguen estando en la calle. Y ahí no hay manera de pintarlos de otro color para que desaparezcan.

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