Morena se pelea consigo misma y el PAN tampoco encuentra la calma

La política queretana dejó esta semana una escena difícil de ignorar, Morena ganó una definición interna, pero todavía no consigue comportarse como un solo equipo. Santiago Nieto fue nombrado coordinador de Morena en Querétaro y, aunque el resultado debería marcar el inicio de una etapa de unidad, algunos de los principales actores que compitieron por esa posición todavía no terminan de acercarse. La pregunta ya no es quién ganó, sino qué harán los que perdieron y cuánto puede costarle al movimiento esa falta de cohesión.

Santiago Nieto parte, según lo expuesto en la conversación, con una ventaja evidente, es el perfil más conocido entre los morenistas queretanos y las encuestas mencionadas lo colocaban por encima de sus competidores. Sin embargo, el reconocimiento personal no necesariamente resuelve la operación política. Gilberto Herrera y Ricardo Astudillo son dos nombres que aparecen como piezas complicadas para el nuevo coordinador. Mientras Herrera no ha mostrado disposición para acompañarlo públicamente, el Partido Verde analiza la posibilidad de caminar por separado.

Y ahí aparece una contradicción que merece atención. Si el discurso de Morena sostiene que no existen proyectos personales, sino un proyecto llamado Cuarta Transformación, ¿por qué después de una competencia interna algunos comportamientos parecen responder más al “yo” que al movimiento? La fotografía de la dirigencia estatal, con rostros serios alrededor de Santiago Nieto, se convirtió precisamente en el símbolo de esa tensión.

La disputa interna también revela algo más profundo, la negociación por las candidaturas ya comenzó. Diputaciones locales, federales, regidurías y otros espacios forman parte de una mesa donde cada grupo busca colocar sus piezas. Competir por la gubernatura puede ser, en algunos casos, una manera de entrar a esa negociación. El problema es que cuando la ambición personal termina colocándose por encima de la marca, el partido puede terminar haciéndose daño desde adentro.

El escenario con el Partido Verde tampoco es menor. La conversación plantea que una ruptura entre Morena, PT y Verde podría tener consecuencias electorales, especialmente porque ya existe el antecedente de una elección en la que esos partidos compitieron por separado y afectaron la candidatura de Santiago Nieto al Senado. Sin embargo, también se plantea una diferencia importante, hoy no existe, en el ámbito local, una figura que tenga por sí sola el peso que tuvo la marca presidencial en aquella elección. Una separación podría terminar debilitando a todos.

Mientras Morena enfrenta esa tensión, el PAN tampoco parece vivir su momento más tranquilo. La declaración de Pancho Domínguez contra Jorge Romero volvió a abrir una discusión interna que parecía haber comenzado a cerrarse. Apenas días después de un abrazo que proyectaba unidad, Domínguez calificó de “tonterías” la posibilidad de hacer alianzas con otros partidos. El problema no fue solamente lo dicho, sino dónde y frente a quién se dijo.

Jorge Romero, de acuerdo con lo planteado en la conversación, tiene una posición relevante en la definición de candidaturas federales. Por eso, la crítica adquiere otra dimensión. En política, atacar al dirigente que puede influir en la repartición de candidaturas puede convertirse en un problema cuando llegue el momento de pedir una posición para el propio grupo. El mensaje puede ser espontáneo, pero sus consecuencias no necesariamente lo son.

La escena panista también dejó otras señales. La cercanía de algunos personajes con el gobernador Mauricio Kuri y la manera en que fueron acomodados durante el evento fueron interpretadas como mensajes políticos. En política, hasta una fotografía puede convertirse en un mapa de poder: quién está al centro, quién está cerca y quién queda relegado también comunica.

Y mientras Morena y PAN procesan sus propias disputas, Movimiento Ciudadano intenta aprovechar el espacio. La llegada de Laura Ballesteros como coordinadora estatal representa, según el análisis de la conversación, un cambio de ritmo para un partido que era visto como demasiado apagado en Querétaro. Ballesteros llegó con una estrategia de comunicación más visible, recorridos, redes sociales y presencia en espacios públicos.

Su principal reto, sin embargo, es convertir esa visibilidad en conocimiento real del estado. La propia conversación cuestiona si una estrategia basada en mercados, plazas y videos puede ir más allá de la imagen y llegar a las problemáticas de la ciudadanía. También se pone sobre la mesa su falta de arraigo local y la necesidad de conocer las colonias y comunidades antes de aspirar a una candidatura estatal.

El movimiento también modifica la situación de Paul Ospital, quien había trabajado durante tiempo para posicionar a Movimiento Ciudadano y sumar perfiles al partido. Su situación puede resumirse con una imagen futbolística: alguien que estaba ganando minutos en el primer equipo y, de pronto, ve llegar a un jugador con mayor respaldo nacional. El talento y el trabajo previo no desaparecen, pero la alineación cambia.

¿Qué está ocurriendo, entonces, en Querétaro? Morena intenta convertir una victoria interna en unidad; el PAN busca evitar que sus diferencias se conviertan en fracturas; y Movimiento Ciudadano acelera para convertirse en una alternativa capaz de quitar votos y ganar espacios.

El quién ya empieza a dibujarse. El qué es una disputa por candidaturas y posicionamiento. El cuándo es ahora, antes de que formalmente arranque la elección. El dónde es un Querétaro donde los partidos ya están moviendo sus piezas. El porqué resulta evidente, 2027 comienza a construirse desde mucho antes de que aparezcan las boletas. Y el cómo dependerá de algo que ningún partido puede darse el lujo de olvidar, sus propias divisiones pueden ser tan determinantes como sus adversarios.

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