«HUELE» AL 2009

En política hay momentos en los que las diferencias dejan de ser rumores y comienzan a hacerse visibles. En Querétaro, el PAN parece haber llegado a uno de esos puntos.

La señal más evidente fue el mensaje de Luis Bernardo Nava del 16 de septiembre. No sólo anunció que buscará la candidatura a la gubernatura, sino que dejó una definición que modifica el tablero: si no es candidato a gobernador, no buscará otro cargo. En otras palabras, quemó las naves.

El momento tampoco pasó desapercibido. El anuncio ocurrió un día antes del segundo informe de Felifer Macías y terminó desplazando buena parte de la conversación pública alrededor del evento. Después del informe, las preguntas volvieron a girar alrededor de Nava. La política tiene esas ironías: a veces una decisión cambia la agenda más que un informe completo.

Pero lo verdaderamente relevante está detrás del episodio. Durante meses se ha construido una narrativa en la que Felifer aparece como posible candidato a gobernador; Agustín Dorantes ha sido mencionado para la presidencia municipal; y Nava parecía encaminado hacia una diputación federal. Ese acomodo, de pronto, dejó de ser tan cómodo.

Nava lo rompió.

Y al romperlo, también hizo evidente algo que el PAN tendrá que resolver: cómo administrar una competencia interna en la que no sólo están en juego candidaturas, sino grupos políticos, proyectos personales y equilibrios construidos durante años.

Por eso vuelve a aparecer 2009 como referencia. No porque la historia necesariamente vaya a repetirse, sino porque aquel proceso dejó una lección sobre lo que ocurre cuando las diferencias entre los grupos panistas dejan de ser discretas y terminan convirtiéndose en confrontación abierta.

Hoy las señales son distintas, pero el aroma político resulta familiar: mensajes directos, movimientos adelantados, candidaturas que comienzan a acomodarse públicamente y una competencia que cada vez parece menos susceptible de resolverse mediante acuerdos privados.

El problema para Acción Nacional no es únicamente quién termine encabezando la candidatura a gobernador. También está en juego qué pasará con quienes queden fuera y, sobre todo, si aceptarán el resultado sin fracturar al partido.

Porque una elección interna puede producir un candidato. Lo difícil es producir, después, unidad.

Y mientras el PAN acomoda sus piezas, Morena observa. No necesita empujar la puerta si sus adversarios comienzan a abrirla desde dentro.

Todavía falta mucho para la elección. Pero si algo ha dejado claro este episodio es que la sucesión en Querétaro ya comenzó a jugarse.

Y sí: huele al 2009.

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