El gobierno de Emmanuel Macron anunció la implementación de toques de queda parciales en diversas ciudades de Francia, incluyendo París y Marsella, para frenar los disturbios derivados de las recientes protestas estudiantiles y sindicales. El primer ministro, Sébastien Lecornu, instruyó esta medida restrictiva con el objetivo de proteger comercios y bienes públicos, mientras que el mandatario francés advirtió que se aplicará todo el peso de la ley contra quienes generen actos vandálicos.
En un acto de solidaridad con el movimiento social y como denuncia contra la represión policial, trabajadores y líderes sindicales forzaron el cierre del Museo del Louvre. Este histórico bloqueo cultural refleja la magnitud de las manifestaciones ciudadanas que escalaron durante el fin de semana, sumándose a una ola de movilizaciones que también tuvo eco en otros países europeos como Italia y Portugal.
Ante la crisis institucional y los fallos de seguridad, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, presentó su renuncia, la cual fue rechazada de inmediato por el Palacio del Elíseo. Tras la negativa, Macron ordenó replantear los protocolos de seguridad ciudadana y adelantó la apertura de mesas de diálogo con estudiantes, profesores y representantes laborales para negociar una salida pacífica a sus demandas.


