La renuncia de Luis Bernardo Nava a la Secretaría de Desarrollo Social sacudió el tablero político de Querétaro y, sobre todo, volvió a poner en el centro de la conversación la sucesión panista rumbo a 2027.
El momento del anuncio no pasó desapercibido. Nava hizo pública su salida un día antes del informe de Felifer Macías, en un movimiento que rompió con la dinámica habitual de los cambios en el gabinete estatal. Esta vez no fue el gobernador quien apareció anunciando la salida.
La decisión tuvo un efecto inmediato: Luis Nava volvió a marcar la agenda. Durante semanas, Santiago Nieto había concentrado buena parte de la conversación política. Con la renuncia de Nava, Acción Nacional regresó al centro de la disputa y los distintos grupos comenzaron a mover sus piezas.
Pero el movimiento también exhibió el problema que enfrenta el PAN: hay demasiados aspirantes y demasiadas expectativas alrededor de la candidatura. El proceso sucesorio se adelantó hace años y, desde entonces, varios nombres han tenido tiempo para construir estructuras, posiciones y grupos. Ahora el partido enfrenta el momento inevitable de definir quién encabezará el proyecto.
El verdadero riesgo está en que cualquiera que sea la decisión dejará a alguien inconforme. Si es Felifer, habrá que ver cómo reaccionan quienes respaldan a Nava o a Agustín. Si es Nava, habrá que preguntarse cómo se integra el resto. Y si aparece un tercero, el problema será convencer a quienes llevan años construyendo su propia candidatura de que ahora deben hacerse a un lado.
Por eso vuelve a aparecer el fantasma de 2009, no necesariamente porque la historia vaya a repetirse exactamente, sino porque existe el mismo problema de fondo: una sucesión que puede terminar enfrentando a grupos que hasta ahora han convivido dentro del mismo partido.
La diferencia es que hoy hay más expectativas acumuladas y más intereses en juego, eso implica que mientras más tarde llegue la definición, más complicado será contener las consecuencias. El gobernador Mauricio Kuri conserva el poder y la capacidad para ordenar el proceso, pero el tiempo comienza a convertirse en un factor político. La propia dinámica de los últimos días demuestra que los aspirantes ya no están esperando tranquilamente la señal.
El actuar de Nava fue un movimiento que volvió a poner la sucesión panista sobre la mesa.
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