Hay temas que permiten medir con mayor claridad qué tan lejos puede llegar una decisión de gobierno. La prevención del suicidio es uno de ellos. No hay discurso político que pueda competir con la dimensión de una vida que está en riesgo, ni indicador que explique por sí solo lo que significa que una persona encuentre ayuda en el momento en que más la necesita.
Ese fue uno de los puntos centrales de la entrevista que le hice a Virginia Hernández, Secretaria de la Juventud en Querétaro, precisamente en el Día Internacional de la Juventud. Y aunque la conversación recorrió distintos aspectos de la política pública dirigida a este sector, fue el tema de la salud mental el que terminó mostrando con mayor claridad qué significa tomar decisiones desde un espacio de gobierno.
Virginia Hernández me platicó del programa de atención psicológica de la Secretaría de la Juventud y lo describió como uno de los proyectos más importantes de la dependencia. La dimensión del programa, explicó, está relacionada con el número de psicólogos, su alcance en los 18 municipios y las atenciones que se han brindado.
Pero la importancia de una política pública no siempre se entiende en una estadística, y para este caso, se explicó a través de una llamada.
La Secretaria relató que el 23 de diciembre de 2025 una joven se comunicó con la Secretaría porque quería quitarse la vida. El equipo permaneció con ella durante varios días, hasta el 27 de diciembre, con atención las 24 horas, hasta lograr que pudiera ser auxiliada. Para Hernández, este suceso cambió por completo la manera de entender la misión del programa, y le recordó para qué se levanta todos los días.
Ahí está quizá la parte más poderosa de la conversación que sostuvimos: la prevención dejó de ser una idea abstracta y adquirió un rostro.
También existe una motivación personal detrás de esa prioridad. Virginia me permitió conocer sobre la lamentable pérdida de un amigo, según su relato, parecía estar bien: tenía buenas calificaciones, una relación y había convivido con sus amigos poco antes de morir. Desde que asumió la Secretaría, esa experiencia permaneció presente como una razón para hacer todo lo que estuviera en sus manos para evitar que otro joven faltara.
En política, las decisiones suelen explicarse en términos de presupuestos, programas y resultados. Pero este caso plantea una pregunta distinta: ¿qué valor tiene una política pública cuando su resultado más importante es algo que no ocurrió? Prevenir una muerte significa precisamente eso: impedir que suceda algo que nunca podrá contabilizarse como un éxito de la misma manera que una obra inaugurada o un programa anunciado.
Por eso la toma de decisiones adquiere una dimensión particular cuando se habla de salud mental. Virginia Hernández reconoce que todavía existe un fuerte estigma y que parte del trabajo consiste en sensibilizar a generaciones que crecieron bajo otra narrativa, una en la que acudir con un psicólogo podía interpretarse como estar “loco” o en la que los problemas de los jóvenes eran comparados con los que enfrentaron sus padres o abuelos.
Cambiar esa conversación también es una decisión política.
Y quizá una de las afirmaciones más relevantes de la entrevista es que las juventudes deben participar en la construcción de las políticas públicas, y no solamente ser destinatarias de ellas. La Secretaria habla de la necesidad de sumar a los jóvenes para que sus necesidades sean escuchadas y, a partir de ahí, trabajar en conjunto.
La toma de decisiones, entonces, no puede ocurrir únicamente desde los escritorios, debe incorporar a quienes viven el problema.
La entrevista también deja ver que esa decisión política requiere recursos. Hernández señaló que el programa recibió un presupuesto histórico para contratar psicólogos, ampliar su alcance y llegar a más comunidades. También afirmó que Querétaro ya se encuentra fuera de los primeros diez lugares en tasa de suicidios, aunque reconoció que todavía queda mucho por hacer.
Y aquí aparece el verdadero desafío de cualquier política pública: no basta con decidir actuar. Hay que sostener la decisión, medirla, ampliarla y corregirla cuando sea necesario.
Eso también es gobernar.
En la conversación Virginia Hernández me explicó que desde su llegada a la Secretaría tuvo la intención de convertirla en una dependencia cercana, sensible y participativa; un espacio al que los jóvenes pudieran acudir y encontrar acompañamiento.
Quizá esa sea la mejor manera de entender el papel de una institución dedicada a la juventud: no como una oficina que administra actividades, sino como una puerta que debe estar abierta cuando alguien necesita ser escuchado.
Porque cuando se habla de prevención del suicidio, la política deja de ser solamente política.
Y la conclusión resulta incómoda, pero necesaria: prevenir también es gobernar, porque algunas de las decisiones más importantes de un gobierno no son las que más se ven, son aquellas que permiten que alguien llegue al día siguiente.
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