LAURA: LA JUGADA DE MAYNEZ PARA QUERÉTARO

La llegada de Laura Ballesteros a la coordinación de Movimiento Ciudadano en Querétaro no puede leerse como un relevo administrativo. A menos de dos años de la elección de gobernador, nadie mueve una pieza de ese tamaño para encargarse solo de abrir oficinas. Ballesteros llega para hacer política, recorrer el estado, construir estructura y convertirse en una opción real para encabezar la candidatura naranja en 2027.

Hasta hace unas semanas, Paul Ospital parecía el candidato natural de MC. No porque tuviera asegurada la nominación, sino porque era el único perfil que había levantado la mano. Su presencia pública lo colocó como la figura más visible del proyecto naranja. A su lado, Armando Rivera había definido otra ruta: buscar nuevamente la presidencia municipal de Querétaro. La fórmula parecía sencilla: Paul por la gubernatura y Armando por la capital.

Pero el tablero cambió. Movimiento Ciudadano ha construido parte de su identidad alrededor de una agenda progresista y de la participación política de las mujeres. Postular a dos hombres para las posiciones más importantes del estado habría resultado contradictorio con ese discurso. Ballesteros resuelve el dilema y le da al partido una figura con experiencia nacional, relaciones políticas y capacidad para atraer recursos.

Su nombramiento le permitirá recorrer los 18 municipios, reunirse con liderazgos y posicionar su imagen sin que formalmente se hable todavía de campaña. Es la ventaja de controlar la estructura antes del proceso electoral: se puede construir una candidatura bajo el argumento de fortalecer al partido. Por eso, la visita de Jorge Álvarez Máynez para tomarle protesta no será un acto protocolario, sino el inicio de una operación política con Querétaro como objetivo.

MC sabe que ganar la gubernatura sigue siendo complicado. Sin embargo, una candidatura competitiva puede elevar la votación, obtener diputaciones, asegurar regidurías e incrementar el financiamiento. No necesita ganar para avanzar; necesita crecer lo suficiente para convertirse en un tercer actor indispensable.

Ballesteros podría quitarle más votos al PAN que a Morena. Su origen político y perfil urbano pueden conectar con sectores de clase media que durante años votaron por Acción Nacional, pero que hoy buscan una alternativa sin trasladarse a la Cuarta Transformación. Si logra instalarse en una franja competitiva, MC no solo alteraría la elección: podría decidirla.

El primer obstáculo será jurídico y político. Ballesteros deberá acreditar los requisitos de residencia efectiva para competir por la gubernatura. Seguramente el tema fue revisado por la dirigencia nacional, pero mientras no exista una explicación pública seguirá siendo una duda legítima.

El segundo reto será territorial. Una cosa es tener presencia nacional y otra construir identificación con los municipios y liderazgos locales. Tendrá que demostrar que conoce Querétaro, que entiende sus problemas y, principalmente, que los queretanos pueden reconocerla como una figura propia y no solamente como una política enviada desde la dirigencia nacional.

El movimiento deja a Paul Ospital frente a una decisión incómoda. Si la candidatura será para una mujer, su ruta deberá modificarse. Su futuro no tendría que estar en otra posición plurinominal ni en un nuevo cambio de partido. Ha llegado el momento de competir y medirse en las urnas. Una diputación de mayoría podría darle la legitimidad electoral que todavía le falta.

Ospital ha demostrado capacidad para negociar posiciones, permanecer vigente y moverse dentro de las estructuras partidistas. Ahora necesita demostrar que también puede ganar una elección. Salir a disputar un distrito, recorrer colonias y enfrentarse directamente al electorado sería una prueba más valiosa para su carrera que recibir nuevamente una candidatura protegida.

Armando Rivera conserva una ruta más clara. Su campaña anticipada y su conocimiento de la capital lo mantienen como aspirante natural a la presidencia municipal. La mancuerna con Ballesteros puede ser atractiva: dos perfiles conocidos capaces de disputar el voto urbano. Tal vez no les alcance para ganar, pero sí para romper una contienda reducida al PAN y Morena.

La apuesta nacional parece consistir precisamente en eso: transformar a Movimiento Ciudadano en una fuerza capaz de alcanzar una votación suficiente para obtener espacios legislativos, colocar regidores y construir una estructura que permanezca más allá de 2027. Querétaro, por su peso económico y político, representa una oportunidad que la dirigencia naranja difícilmente dejará pasar.

Laura Ballesteros no llega a administrar Movimiento Ciudadano. Llega a cambiar su dimensión política. Su presencia obliga a reacomodar candidaturas, redefine el futuro de Paul Ospital y fortalece el proyecto de Armando Rivera.

Falta saber si cumple los requisitos, construye arraigo y recibe una inversión real del partido nacional. Pero una cosa ya es evidente: Movimiento Ciudadano dejó de prepararse solamente para participar. Ahora quiere competir.

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