El presidente municipal parece más ocupado en construir su candidatura a la gubernatura que en gobernar la capital. Mucho reflector, mucha promoción política y una pregunta que sigue sin respuesta: ¿quién está al frente de la ciudad?
Se busca alcalde. Nombre: Felipe Fernando Macías Olvera, alias Felifer. Última adscripción conocida: Centro Cívico de Querétaro. Señas particulares: sonrisa de campaña, discurso de futuro y una marcada inclinación a mirar hacia el Palacio de la Corregidora, aunque todavía despacha —al menos oficialmente— en la presidencia municipal.
Se le busca porque Querétaro tiene alcalde en el organigrama, pero cada vez hay más ciudadanos que se preguntan si también lo tiene en la práctica.
Van dos años de administración y Felifer parece haber descubierto que la presidencia municipal tiene una ventaja extraordinaria: sirve para gobernar una ciudad, pero también para construir una plataforma política rumbo a la gubernatura de 2027. El problema comienza cuando la segunda actividad amenaza con comerse a la primera.
Porque una cosa es tener aspiraciones políticas y otra convertir el Ayuntamiento en sala de espera para el siguiente cargo.
Felifer no ha anunciado que abandone la alcaldía, ni hace falta que lo haga para que la pregunta resulte pertinente. Basta observar cómo la sucesión de 2027 se ha instalado en la conversación pública y cómo el alcalde debe administrar dos relojes: el calendario de sus responsabilidades municipales y el cronómetro de sus aspiraciones políticas.
Y vaya que la política tiene sus encantos. Hablar de la gubernatura permite pronunciar palabras solemnes, imaginar proyectos de gran alcance, aparecer en fotografías estratégicas y cultivar relaciones con quienes reparten las cartas del futuro. Gobernar una ciudad, en cambio, es menos glamuroso: implica atender problemas concretos, escuchar reclamos incómodos y responder por aquello que no se resuelve con un video bien producido.
La diferencia entre ambas actividades es sencilla: en una se construye una candidatura; en la otra se construye —o se deteriora— la confianza ciudadana.
Por supuesto, Felifer tiene derecho a aspirar a gobernar Querétaro. Faltaba más. Lo que no puede pretender es que los ciudadanos suspendan sus exigencias mientras él calcula sus posibilidades de convertirse en candidato. La alcaldía no es una beca de posicionamiento político ni el municipio una escenografía para el siguiente capítulo de su carrera.
Y aquí aparece el detalle que debería quitarle el sueño al equipo de comunicación del alcalde: **la ciudad no necesita un presidente municipal en precampaña permanente; necesita uno que gobierne sin que haya que recordárselo.
Porque para promoverse siempre hay tiempo. Para una fotografía, una declaración o un mensaje sobre el futuro, nunca faltan agenda ni entusiasmo. Lo complicado es que esa misma energía se traduzca en resultados visibles para quienes viven en las colonias, padecen los problemas cotidianos y no tienen el privilegio de cambiar de tema cuando la realidad se vuelve incómoda.
En el mundo de la política, la tentación consiste en confundir exposición con liderazgo, popularidad con resultados y presencia mediática con buen gobierno. Pero una candidatura no se construye solamente con reflectores. También se construye con un expediente de resultados que resista las preguntas de los ciudadanos.
Y si Felifer quiere que lo vean como un aspirante a gobernar todo el estado, primero tendría que despejar una duda elemental: ¿está gobernando a tiempo completo la ciudad que ya le confiaron?
Porque resulta curioso que alguien pueda tener tantas ganas de asumir una responsabilidad mayor cuando todavía tiene una responsabilidad vigente que debe atender todos los días. Es como querer estrenar casa mientras se deja caer la que ya se habita.
La política queretana podrá estar fascinada con la carrera hacia 2027, pero los ciudadanos no eligieron a un alcalde para que utilizara dos años de administración como calentamiento electoral. Lo eligieron para gobernar Querétaro. El resto, si llega, será consecuencia de su desempeño, no sustituto de él.
Así que se mantiene la convocatoria: SE BUSCA ALCALDE.
Se solicita uno que no confunda el Centro Cívico con una plataforma de lanzamiento; que recuerde que los problemas municipales no se resuelven desde las encuestas y que entienda que la mejor campaña no es la que se adelanta, sino la que puede presumir resultados sin necesidad de adornarlos.
Requisitos: gobernar, atender, resolver y rendir cuentas. Disponibilidad de tiempo completo. Se valorará experiencia en la ciudad real, esa que no siempre aparece en los discursos ni cabe en las fotografías oficiales.
Si alguien sabe dónde encontrarlo, favor de avisarle que su periodo ya comenzó hace dos años.
Y que la gubernatura, por ahora, puede esperar.


