Ricardo Anaya, el Galactus del PAN

En el universo de Marvel, Galactus es el devorador de mundos: una fuerza gigantesca que llega a un planeta, consume su energía y continúa su camino. Ricardo Anaya parece haberse convertido en el Galactus del PAN, un personaje que, lejos de reconstruir el territorio que alguna vez dominó, corre el riesgo de consumirlo desde dentro.

La metáfora no significa que Anaya sea el único responsable de la crisis de Acción Nacional. Sería demasiado sencillo. El PAN arrastra derrotas presidenciales, desgaste interno y una crisis de identidad. El propio Anaya reconoció en 2024 que el partido necesitaba una reforma radical y advirtió que debía “renovarse o morir”.

Pero precisamente ahí aparece la contradicción.

Anaya conoce perfectamente las entrañas del partido. Fue dirigente nacional del PAN, llegó a la candidatura presidencial de 2018 y posteriormente regresó al escenario político como senador plurinominal. Su regreso debería representar experiencia, capacidad de reconstrucción y una oportunidad para recuperar la confianza perdida.

Sin embargo, para sus críticos, representa otra cosa: la continuidad de una clase dirigente que parece incapaz de abandonar el control del aparato partidista.

El problema del PAN no es solamente electoral. Es existencial. ¿Qué representa hoy Acción Nacional? ¿Qué diferencia al partido de sus adversarios? ¿Dónde quedó aquella organización que hablaba de ciudadanía, instituciones, democracia y contrapesos?

Galactus no destruye por odio. Devora porque ésa es su naturaleza. Y ése es precisamente el peligro de Anaya: un político puede terminar devorando aquello que necesita para sobrevivir.

Hace dos semanas, Mauricio Kuri destacó públicamente la disposición de Anaya y Francisco Domínguez para trabajar por la unidad del PAN rumbo a 2027. La fotografía de unidad puede ser políticamente rentable, pero también plantea una pregunta incómoda: ¿se trata de una verdadera reconstrucción del partido o de la reunión de viejos grupos para conservar el poder?

Porque un partido no se salva solamente juntando a sus figuras históricas. Se salva recuperando militantes, ciudadanos y credibilidad.

Ricardo Anaya no necesita destruir al PAN para convertirse en su figura dominante. El verdadero riesgo es que el partido termine dependiendo tanto de sus operadores, alianzas y grupos internos que pierda aquello que lo hizo competitivo: una identidad propia.

El Galactus de Marvel llega a los mundos para consumirlos porque necesita su energía. El Galactus panista sería más sofisticado: no necesita incendiar el planeta; basta con absorber lentamente su estructura, sus liderazgos y sus posibilidades de renovación.

El PAN todavía puede sobrevivir. Tiene gobiernos, militancia, presencia territorial y una marca política reconocible. Pero para hacerlo necesita algo más que unidad electoral rumbo a 2027: necesita una auténtica renovación.

De lo contrario, la historia podría terminar como en los cómics: después de que llega el devorador de mundos, solamente quedan ruinas.

Solo queda una pequeña duda razonable

¿Ricardo Anaya reconstruirá al PAN o se convertirá en el Galactus que terminará devorándolo?

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