TODOS TUVIERON PISO PAREJO

El PAN de Querétaro ya está jugando la sucesión de 2027, aunque todavía no tenga candidato. Desde hace meses, Acción Nacional abrió un proceso para definir quién será el perfil que encabece su proyecto rumbo a la gubernatura, y la estrategia tiene una particularidad, no elegir al más cercano, al amigo o al compadre, sino al que resulte más competitivo. Esa es, al menos, la ruta que plantea Martín Arango, dirigente estatal del partido.

¿Quiénes están en el tablero? La propia conversación menciona a Chepe, Agustín Dorantes, Felifer y Luis Bernardo Nava como algunos de los perfiles que han recorrido este camino. El problema es que una contienda tan prolongada también tiene costos. Hay desgaste político, económico y hasta anímico por la exposición pública, los espectaculares y el tiempo dedicado a construir presencia. La pregunta inevitable es si ese desgaste tendrá una recompensa para todos o si, al final, solamente uno podrá quedarse con la candidatura.

El PAN decidió abrir el juego precisamente para evitar una ruptura. La lógica de Arango es sencilla, cualquier aspiración es legítima y quien levanta la mano tiene derecho a competir. Por eso, las reglas se colocaron sobre la mesa desde el principio. Los aspirantes deben ser competitivos, cercanos a la ciudadanía, conocidos y, además, contar con una percepción positiva. No basta con ser conocido si el conocimiento viene acompañado de negativos.

¿Dónde está entonces la definición? Todavía no en un nombre. El partido espera que primero ocurra el informe del gobernador Mauricio Kuri, previsto para el 8 de septiembre, y después, probablemente a finales de ese mes o durante octubre, tomar una decisión. Mientras tanto, quienes aspiran a la candidatura deben concentrarse en sus responsabilidades y dejar que su trabajo sea parte de la evaluación.

Aquí aparece una diferencia que Arango considera fundamental frente a otras fuerzas políticas, mientras el PAN asegura estar evitando campañas anticipadas, también observa movimientos que interpreta como una competencia adelantada. Por ello, la dirigencia ha pedido a sus propios aspirantes no distraerse de sus cargos y trabajar desde sus responsabilidades. La apuesta es que sean los resultados, la cercanía y las mediciones los que determinen quién tiene mejores posibilidades.

Pero una candidatura no se gana solamente con encuestas. También se gana con unidad. Y ese es quizá el verdadero desafío del PAN. Dentro del partido existen corrientes identificadas con distintos liderazgos, panchistas, anayistas y kuristas. Arango no niega su existencia. Por el contrario, reconoce que las afinidades políticas son naturales y que actualmente existe un grupo importante alrededor del liderazgo de Kuri.

El momento que mejor resume esa tensión fue la reunión en la que coincidieron Ricardo Anaya, Pancho Domínguez, Mauricio Kuri y otros referentes del partido. El abrazo entre Anaya y Domínguez fue presentado como un gesto de reconciliación y unidad. Más allá de la carga simbólica, el mensaje político parece evidente, si el PAN quiere competir con fuerza, necesita evitar que sus corrientes internas terminen enfrentándose entre sí.

La historia de 2009 aparece como advertencia. Arango lo plantea directamente, un PAN dividido no gana. Aquella derrota dejó, según su relato, a una generación de jóvenes que se quedó sin posibilidades de proyectarse dentro del partido y provocó la salida de varios de ellos. Ahora, casi dos décadas después, el dirigente se encuentra en una posición distinta y asegura que uno de sus objetivos es que quienes hoy están construyendo su trayectoria no terminen perdiendo por las divisiones internas.

¿Y qué pasará con quienes no sean elegidos? Esa es otra de las preguntas que todavía no tiene respuesta pública. Arango asegura que existen escenarios para todos y que la prioridad es que nadie pierda políticamente, porque el objetivo final no debe ser que gane una persona, sino que el partido permanezca unido.

La misma lógica aparece cuando se habla de una posible alianza con el PRI. El PAN, sostiene Arango, tiene fuerza suficiente para competir por sí mismo, como lo ha hecho en otros momentos. Sin embargo, tampoco cierra completamente la puerta. Si una alianza resulta determinante para ganar en un estado donde la competencia sea cerrada, tendría que valorarse. El costo de coaligarse, sin embargo, sería perder parte de la autonomía en las decisiones.

Así, el escenario rumbo a 2027 todavía está abierto. El PAN tiene aspirantes, estructura y un dirigente encargado de mantener la unidad, pero todavía debe resolver quién será su carta principal. Los próximos meses serán decisivos porque el desgaste ya comenzó y las expectativas también.

La verdadera prueba para Acción Nacional no será solamente escoger un candidato. Será demostrar que puede hacer algo más difícil, convertir sus distintas corrientes, aspiraciones y liderazgos en un solo proyecto. Porque, como reconoce su propio dirigente, la historia ya dejó una lección. Un PAN dividido no gana.

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