En Morena Querétaro ya no parece haber espacio para las medias tintas. El mensaje para el grupo de Gilberto Herrera comienza a tomar forma de ultimátum: o se alinean, o tendrán que asumir las consecuencias de quedarse fuera del nuevo tablero de poder.
La tensión no está solamente en una fotografía que no ocurrió o en quién aparece junto a Santiago Nieto. El problema de fondo es mucho más político: mientras Morena intenta construir una ruta rumbo a 2027, los gilbertistas han mantenido distancia del coordinador estatal, al grado de que, según lo comentado en el programa, Gilberto Herrera ha dejado de acudir a algunas asambleas y tampoco ha aparecido en fotografías con Nieto.
Los analistas plantearon que la dirigencia nacional de Morena terminará llevando a los gilbertistas “al redil”. No necesariamente porque Santiago Nieto tenga la facultad de repartir candidaturas, sino porque el mensaje es que nadie puede pretender negociar desde una posición de autonomía absoluta cuando enfrente tiene a un partido que es mucho más grande que cualquier grupo interno, porque el propio planteamiento de Herrera, según lo expuesto en el programa, sería esperar a saber “qué me toca” antes de sentarse con Santiago. Ahí está el verdadero pulso.
Porque una cosa es disentir del coordinador y otra muy distinta es pretender conservar intacta una estructura política mientras Morena avanza hacia la elección de 2027.
El problema para los gilbertistas es que el tiempo tampoco juega a su favor. Morena ya tiene coordinador para la gubernatura y, mientras las negociaciones internas continúan, la estructura comienza a moverse. Los propios analistas reconocen que estas disputas están retrasando el trabajo territorial del partido.
Por eso la reunión entre Santiago Nieto y Gilberto Herrera adquiere una dimensión mucho mayor que una simple fotografía. No se trata solamente de si se van a tomar la foto, se trata de quién llega a la mesa con capacidad de poner condiciones.
Y ahí puede estar la verdadera advertencia para el grupo de Gilberto: Morena puede negociar posiciones, candidaturas y espacios; lo que difícilmente aceptará es que un grupo interno pretenda tener derecho de veto sobre la ruta que el partido ya decidió comenzar a construir.
El ultimátum, entonces, no necesariamente necesita pronunciarse en público.
A veces basta con una pregunta:
¿Qué quieres?
Y después, otra todavía más importante:
¿Te vas a formar o no?
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