¿Unidad o ‘El miedo no anda en burro’?

En política, las diferencias pueden durar años, pero también pueden desaparecer cuando aparece una preocupación mayor. En Querétaro, la elección de 2027 parece estar provocando precisamente eso dentro del PAN: el acercamiento entre Pancho Domínguez, Ricardo Anaya y Mauricio Kuri.

Durante años, cada uno ha representado momentos, grupos y proyectos distintos dentro del panismo queretano. Hoy, sin embargo, el escenario parece obligarlos a mirar en la misma dirección. La posibilidad de perder la gubernatura modifica las prioridades. Cuando el poder está en riesgo, las viejas diferencias pasan a segundo plano y la conservación del poder se convierte en el punto de coincidencia.

Pero esta unidad tiene una característica particular: no necesariamente nace de la coincidencia política, sino del temor a la derrota.

Y ahí está la clave para entender el reacomodo.

En 2009, Ricardo Anaya podía interpretar su posición dentro del partido y del gobierno como una señal de fortaleza suficiente para pensar en la continuidad. Su cercanía con Francisco Garrido, su posición privilegiada en la lista plurinominal y su peso dentro del PAN podían generar la sensación de que el grupo gobernante tenía asegurado el futuro. Sin embargo, las urnas demostraron que el poder político no se hereda automáticamente.

El contraste con 2026 resulta inevitable. Aquel Anaya tenía la confianza que daba el aparato; el Anaya de hoy enfrenta un escenario en el que el PAN necesita cerrar filas para evitar perder la gubernatura en 2027. La diferencia es que la soberbia de entonces ya no puede ignorar el riesgo electoral.

Con Pancho Domínguez ocurre algo parecido.

En agosto de 2021, Domínguez defendía que el PAN había ganado solo en Querétaro y rechazaba la necesidad de una alianza con el PRI. Recordaba los triunfos de 2015, 2018 y 2021 como prueba de que el panismo queretano podía caminar por sí mismo. Incluso cuestionaba el triunfalismo de su propio partido.

Aquella seguridad también tenía una dimensión nacional. Mientras todavía era gobernador, Domínguez valoraba competir por la dirigencia nacional del PAN y cuestionaba abiertamente a Marko Cortés. Después, ya como exgobernador, rechazó colaborar con él y resumió su posición con una frase contundente: “No creo en él ni en su proyecto”.

El mensaje de aquel momento era claro: el PAN queretano se veía como una excepción, un partido capaz de ganar por sí mismo y con una fórmula propia que incluso podía convertirse en referencia nacional. En su último informe, Domínguez habló de la “vía queretana” como una alternativa para el país.

Hoy el contexto es distinto.

La confianza en la fuerza individual parece ceder ante la necesidad de construir una fuerza colectiva. Mauricio Kuri aparece en el centro de este escenario, mientras Domínguez y Anaya representan piezas que difícilmente pueden ignorarse si el objetivo es enfrentar unidos la elección de 2027.

Pero aquí comienza el verdadero problema.

Una cosa es coincidir en que hay que evitar la derrota y otra muy distinta ponerse de acuerdo sobre quién debe encabezar el proyecto. El miedo puede sentarlos en la misma mesa, pero no necesariamente elimina sus aspiraciones, sus diferencias ni sus viejas cuentas políticas.

Por eso, más que una alianza consolidada, lo que hoy se observa es un reacomodo provocado por la posibilidad de perder.

El 2027 ya comenzó a mover las piezas. El PAN queretano parece haber entendido que dividido puede perder. La pregunta es si podrá mantenerse unido cuando llegue el momento de decidir quién tendrá el control del proyecto.

Porque en política, pocas cosas unen más que el miedo a perder el poder. Pero también pocas cosas dividen más que la disputa por conservarlo.

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