Edgardo Cabrera: De Bernal para el mundo

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Por Luis Gabriel Osejo
Foto: Edith Rodríguez
Video: Staff

Bernal no sólo es una joya natural de México por su imponente Peña: es también un sitio colmado de historias. De cine, de literatura, de fe, de migrantes y de emprendedores que han hecho de esta delegación de Ezequiel Montes un destino de carácter mundial. Uno de sus protagonistas es Edgardo Cabrera, cronista, escritor y pionero del turismo en la región. Lo entrevistamos en su Hostal Medieval, un lugar que más que hospedaje, parece un refugio de leyendas.

Desde la terraza del hotel —con la Peña de fondo, sin efectos ni pantallas verdes—, Edgardo recuerda la transformación de su pueblo. “Aquí sólo había una posadita de mi madrina Cuca. Hoy hay más de 220 hoteles en menos de 25 kilómetros cuadrados”, dice. Y es que él mismo fundó Quinta Celia, uno de los primeros hoteles con servicios formales en Bernal. Su visión turística nació mucho antes del nombramiento como Pueblo Mágico, cuando en 1992 escribió su libro Bernal Mágico, obra precursora de una narrativa que hoy comparten miles de visitantes.

La historia de Bernal está entretejida con personajes ilustres y episodios entrañables. Cabrera rememora cómo de niño actuó como extra en la filmación de La Cucaracha, junto a leyendas como Dolores del Río y María Félix. “Doña Dolores nos acarició la cabeza y nos regaló dulces. En cambio, María Félix casi nos echa a patadas. Dos divas, dos temperamentos”, cuenta entre risas. La anécdota tiene fondo: él, como muchos niños del pueblo, participaba en las producciones que llegaban de la Ciudad de México, atraídas por la magia del paisaje semidesértico y la fuerza visual de la Peña.

Edgardo es memoria viva de la región. Novena generación Cabrera, descendiente directo de los fundadores del pueblo, conoce los rincones y linajes de Bernal como nadie. “Aquí llegaron los Hernández, los Vega, y tiempo después los Pellegrini, de ascendencia italiana. Esta tierra es un crisol de culturas”, asegura. Su pasión por rescatar el término “virreinal” —y no “colonial”— para describir pueblos como Bernal, revela su mirada crítica y documentada sobre la historia de México. “Nunca fuimos colonia, siempre fuimos un virreinato”, sentencia.

Pero Bernal no sólo creció por su historia. El cine y la televisión jugaron un papel crucial: El Gallo de Oro, Lugar sin Límites, La Dueña y El Niño que vino del Mar fueron filmadas o ambientadas en sus calles empedradas. Incluso Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes caminaron por su plaza, atraídos por su atmósfera. “Gabo venía con su guayabera, siempre fumando. Era como codirector de las producciones, le fascinaba estar aquí”, recuerda Cabrera.

El nombramiento como Pueblo Mágico llegó en el 2000, pero la magia había empezado antes: en los libros, las películas, los turistas que poco a poco fueron llegando, y los locales que, como Edgardo, apostaron por quedarse. “No había nada. Escribí un libro, abrí un hotel, ofrecí lo que podía”, dice con humildad.

Hoy, a sus 78 años, sigue escribiendo, trabajando, contando historias. Observa cómo Bernal ha cambiado: “En el casco histórico viven ya sólo unas 50 personas. El pueblo ha crecido hacia los barrios nuevos. Pero el corazón sigue aquí”, dice. Para él, el reto es preservar la identidad, contar bien la historia y recibir al visitante con respeto. “Los queretanos de nacimiento somos pocos. Pero muchos han llegado a quedarse, a formar familias, a aportar. A todos hay que darles la bienvenida”.

Bernal, con su Peña al frente, es hoy una mezcla vibrante de pasado y presente. Con historias como las de Cabrera, que lo han contado, vivido y preservado, este Pueblo Mágico es mucho más que una postal: es un testimonio vivo del Querétaro profundo.

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