Por: Mayela Portos Hernández
En 2024, la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma y el Poder Judicial de nuestro estado organizaron dos eventos conmemorativos para reconocer a las primeras mujeres abogadas y juezas en el Estado de Querétaro.
¿Quiénes fueron? Las primeras abogadas graduadas en 1959 fueron Celia Pedraza Rodríguez, Florencia Aurora Rodríguez Salado e Irene Landaverde Olvera y las juezas pioneras que llegaron a dicho encargo son Elvia Estela Guadarrama Gutiérrez (1969), Senorina Contreras Zúñiga (1974) y la magistrada Sonia Alcántara Magos (1981).
Los eventos fueron significativos en lo histórico, social y profesional, tanto por el reconocimiento sobre el legado que construyeron para todo Querétaro como en la oportunidad que tuvieron de hacer visible la necesidad de poner una huella histórica a favor de las mujeres que con su vida abrieron espacios de crecimiento a las siguientes generaciones.
Si lo analizamos con más calma, me parece que estos sucesos no terminaron ahí, sino que también marcaron un significado especial porque lanzaron una convocatoria para recuperar la memoria histórica y colectiva de nuestro Querétaro, donde la suma de esfuerzos se concentró en propiciar los canales adecuados para hacer que los nombres de las primeras juristas tuvieran un merecido lugar en la discusión pública.
¿Qué tan común son este tipo de reconocimientos? Son menos comunes de lo que pensamos. Si realizáramos una encuesta a la población, muy seguramente encontraremos que la ciudadanía sólo tiene presente a nuestra emblemática Corregidora, doña Josefa Ortiz Téllez-Girón, como la mujer que persiste en la memoria queretana, por sus hazañas y heroísmo en el movimiento independista de México.
Sin embargo, probablemente el grueso de la población no tendrá presente quiénes han sido las mujeres del estado que han marcado el rumbo de nuestras instituciones públicas, privadas y sociales. La gran interrogante detrás es cómo lograr que exista un genuino interés social en saber quiénes fueron esas mujeres.
¿Qué podemos hacer? Medité mucho sobre la pertinencia de este tema al escribirlo. Tenía muchas dudas, confieso, de si no se trataba de un lugar común al que se acude en estas fechas, pues es algo de lo que se escribe año con año, pero luego no pasa nada más.
Llegué a la conclusión de que, por el contrario, es un tema que podemos revisitar de manera constante, siempre que tengamos metas claras de qué sigue después de escribir sobre ellas. La conmemoración y homenaje es un acto simbólico muy necesario, pero es el inicio de la ruta para fortalecer la memoria colectiva.
Fechas como el 8 de marzo son relevantes porque representan una plataforma idónea para llamar a la acción institucional, académica y social, donde el esfuerzo compartido permita conocer a las mujeres que han sido pioneras en los distintos campos y disciplinas del desarrollo, la justicia, las tecnologías, la cultura, el arte, la ciencia, etcétera.
Qué forma más representativa que se escriba de ellas en una fecha donde se conmemora a las mujeres y podamos visitar la historia como un recordatorio de la necesidad de recoger desde la memoria colectiva todos aquellos retos que afrontaron —muchos de ellos que todavía continúan afrontando— las mujeres queretanas preocupadas en una voluntad latente por renovar sus esfuerzos día a día para zanjar los problemas de justicia.
Ante tantos fenómenos sociales y legales es claro que los resultados no son automáticos, ni inmediatos. No obstante, todo comienza por reconocer dónde, en qué momento y bajo qué contexto inició todo ese ahínco, impulso y sacrificio, sin los cuales las puertas universitarias e institucionales jamás se habrían abierto.
Por eso, insisto, sí pienso que volver a este tema, cuántas veces resulten necesarias, constituye una forma de reflexionar cómo comenzó todo, qué ocurría alrededor y de qué manera tenemos la oportunidad de insertar en el imaginario de las personas, el recuerdo de aquellas mujeres precursoras que a costa de mucho trabajo y disciplina son gracias a quienes, por ejemplo, muchas de nosotras pudimos estudiar derecho, medicina, arquitectura, ingeniería, contabilidad, etcétera.
¿Qué metas podemos trazarnos? Decir que todo queda en nombrarlas cada 8 de marzo sería injusto. Pensar que basta un homenaje resultaría insuficiente. Creer que con conocer su historia se lograría ponerlas en memoria histórica, no es cierto, pero sí es el principio de un proyecto de más largo alcance.
Una meta a seguir tiene que ser, en mi concepto, con investigar quiénes fueron esas mujeres: su historia de vida, sus entornos, su filosofía personal, sus convicciones, sus redes de apoyo, sus sueños y anhelos, pero sobre todo, los retos, dificultades y desafíos que sortearon paso a paso, en cada tramo de sus vidas y en función de la época en que vivieron.
Para conocer todo eso, tendremos que acudir al diálogo, a la investigación, a las entrevistas y a las conversaciones con ellas o con sus familias, lo cual, de entrada, nos permitiría adentrarnos con mucha mayor sensibilidad al reconocimiento a su labor y promovería una percepción más amplia que haga compartida la añoranza de ponerlas en la memoria de nuestras queretanas ilustres.
Por ello, quizás este texto también es un llamado y una convocatoria a la academia y en general a nuestras mujeres jóvenes, para ser partícipes desde proyectos de investigación hasta la escritura de novelas u obras de arte, acerca de aquellas mujeres que han forjado la historia de nuestra entidad.
Yo pensaría que esa meta se puede trazar bajo dos enfoques. El primero es convenir con las instituciones públicas y privadas la manera de colaborar en un proyecto de esa naturaleza, al cual se le dé seguimiento efectivo y se planifique con un plan de difusión amplio. El segundo es lograr materializarlo a través de las instancias educativas, centros universitarios, gobierno y sociedad civil que a su vez promuevan y desarrollen los proyectos que lleven consigo los actos para concretar la misión.
Hoy la información ya no corre solamente en libros o vías impresas. La forma de transmitirla tiene canales más amables de comunicación, con un abanico de mayor alcance y modalidades que llevan a la eficacia acompañada de amenidad, sin sacrificar, desde luego, la seriedad y rigurosidad de los contenidos.
Me refiero, por mencionar algunos, a entrevistas en redes sociales, podcast en plataformas digitales, videos animados con descripciones, foros de conversación informales, mesas de diálogo abiertas o charlas de café interactivas con las propias protagonistas o sus familiares.
Quiero decir que podríamos pensar a futuro en un proyecto de alcance transgeneracional donde a través de esas distintas modalidades, todas las personas y habitantes del estado puedan familiarizarse más de cerca con la historia de vida de las primeras mujeres que impulsaron la participación de la mujer, en los sectores público y privado.
La actividad social de la abogacía no está limitada a la asesoría y servicio legal, también nos permite activar otros rubros de interés ciudadano. La vida en democracia demanda inclusión, pluralidad, igualdad y equidad. Un proyecto de esta naturaleza logra recobrar fuerza e inspiración para diariamente hacer realidad estos principios.
No es solamente retratar las memorias de forma aislada y ocasional. Mi perspectiva va un poco más allá porque parte del beneficio social que esto puede traernos a futuro. Pensemos cuántas personas nos han inspirado, motivado e impulsado a estudiar una carrera, a desarrollar una actividad profesional, incluso, a formarnos como mejores personas.
Esa es la apuesta, en que a través del recuerdo y la memoria de todas las mujeres que nos falta por recuperar, se promueva una fuente de inspiración a las mujeres y a la juventud. Inspirar es la influencia emocional, espiritual y personal de animarnos hacia una idea, un curso de acción o una decisión trascendente.
El motor que activa ese ánimo no puede provenir de otro lugar sino de la identidad que nos provoque la persona que inspira y eso podemos lograrlo siempre que conozcamos su historia. Entonces, la ruta es clara, plantear y promover formas de investigación, comunicación, diálogo y difusión sobre las mujeres queretanas del ayer y hoy.
¿Hacia dónde vamos? Con el recuerdo que permiten capturar estas páginas en una fecha tan importante, vale la pena transitar desde nuestros recuerdos hasta la actualidad, como un signo de reconocimiento y de reivindicación histórica a las mujeres pioneras en muchas áreas del progreso social en nuestro estado.
Quizá la historia no les ha hecho justicia porque se ha ocupado poco de ellas; por ello, este texto es una visita a la memoria sobre algunas de ellas y una invitación a recordarlas precisamente como una forma de abarcar nuestra identidad histórica, cultural e inspiradora.
El significado social de personajes históricos atraviesa los confines del tiempo y nos ayuda a situarnos en experiencias compartidas, misiones comunes, objetivos colectivos y una inercia de energía hacia propósitos por cumplir.
Hay historias que atrapan. Los famosos tres taconazos de doña Josefa, nuestra Corregidora fueron el inicio de un largo caminar independista que han dejado huella hasta nuestros días. Hoy rememoramos a seis abogadas que fueron pioneras en la historia legal del estado y que desde entonces marcaron el rumbo de generaciones de jóvenes mujeres queretanas.
Si nos proponemos saber más de ellas y otras mujeres, estoy segura que eso influirá en aportar positivamente al destino de cientos de mujeres que en Querétaro luchan día a día en busca de la justicia.