A poco menos de un año de la elección más importante en toda la historia de Querétaro, la efervescencia política vive uno de sus momentos más intensos, a la espera de las designaciones de los candidatos oficiales que han de comandar la madre de todas las batallas electorales en la entidad.
Precandidatos van y precandidatos vienen, a veces parece que un perfil será el elegido, luego al otro día las reglas cambian y parece que otro será el favorecido, aunao a esto la sombra del INE quien de último momento podría cambiar las reglas y exigir que solo fueran contendientes femeninas las que participen en la elección gubernamental del 2027; lo que obligaría a los partidos a presentar un plan b, ya que sea por omisión o perverversión, ninguno forjó cuadros de mujeres para contender.
Suponiendo que no hubiera cambios en la ley y que los suspirantes que ahora conocemos (Corcholatas y Garnachas) pudieran contender por el gobierno estatal, hay una estadística que no podemos olvidar: 6 de los últimos 8 gobernadores de Querétaro vinieron del Senado.
Obvio, cada elección es diferente (ya lo vimos en 1997 y 2003); tampoco podemos desdeñar la tendencia que nos revelan los fríos números, y estos señalan que los últimos tres gobernadores y seis de los últimos ocho, en su tiempo, tuvieron que solicitar licencia de su encargo de senador de la República para contender y después despachar desde la Casa de la Corregidora.
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