América ya NUNCA será GRANDE otra vez

Irónicamente, quien había defendido a capa y espada el eslogan de hacer “grande” a los Estados Unidos otra vez, terminó por ser el principal responsable de la caída de la grandeza hegemónica de dicho país. En otras palabras, el presidente Donald Trump va a ser recordado como el mandatario que terminó por sepultar la hegemonía estadounidense. Porque EEUU ya no es la principal potencia a nivel mundial. Si bien tiene una presencia militar que aún es importante y el mercado más consumista per capita, no es ni la principal potencia militar, ni económica, ni cultural, ni tecnológica, ni diplomática del mundo.

Todo ha sido gracias a la pantanosa guerra en la que las elites republicanas han metido al país.  La guerra contra Irán. Las razones por las que EEUU comenzó y perdió esta guerra rebasan la ficción de cualquier título novelesco.

EEUU libró un intercambio de ataques contra Irán en 2025 durante la llamada “Guerra de los Doce Días”. En donde el objetivo principal fue atentar contra la infraestructura nuclear persa. Con tal de evitar la aceleración del desarrollo de un arma nuclear iraní. Dicha aceleración se habría suscitado en cuanto el gobierno israelí iniciara la segunda fase de su campaña militar en busca del “Gran Israel”. El cual es un proyecto sionista de nación, que apunta a extender las fronteras de Israel al territorio histórico de su pueblo. Del Mar Rojo, al Mar Arábigo. En otras palabras, un proyecto que conlleva la incuestionable anexión israelí de territorios de otros países soberanos.

De 2025 a inicios de 2026, la retórica rival entre la mancuerna de Israel y EEUU contra Irán aumentó gradualmente. Para la unión americana, representó desde aquel entonces un frente  de guerra más dentro del marco de lucha dicotómica entre EEUU y la dupla de China y Rusia. Dicha rivalidad alcanzó un punto de inflexión el 28 de febrero de 2026, cuando EEUU decidió atacar Irán de forma unilateral pero en coordinación con Israel. Ataques que fueron correspondidos de manera inteligente y contundente por parte del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán. 

Una guerra que, de acuerdo con un informe desclasificado de la CIA datado un año antes de la Guerra de los Doce Días, no tenía ninguna justificación lógica para los EEUU. Es decir, el costo de librar esa guerra sería mayor al beneficio real y tangible para los EEUU. El país no podría aprovechar los ricos yacimientos de hidrocarburos iraníes, contrario a los de Venezuela. EEUU no podría asfixiar por completo la cadena de suministro china, porque dicho país es el principal reservista de petróleo y gas en el mundo. Y porque su proyecto de la Franja y la Ruta le permite entrada exclusiva para la extracción de combustibles fósiles en los países participantes. Ademas de que su principal proveedor de petroleo y gas, Rusia, tiene garantizado un flujo continuo de dichos recursos gracias a sus enormes yacimientos enterrados bajo el hielo siberiano y el del Ártico. 

La guerra contra Irán que ha librado EEUU desde febrero 2026, ha sido la guerra más cara en la historia de los EEUU. Con un costo promedio de $1.5 mil millones de dólares diarios. Al ser una guerra tan cara, y al no tener ninguna justificación lógica e imperante para librarla, uno no puede evitar reflexionar sobre los verdaderos intereses detrás de esta guerra.

Hasta que conocemos el proyecto del Gran Israel. Hasta que sabemos que uno de los principales obstáculos para llevarlo a cabo es el gobierno islámico de Irán (además del proyecto neo-otomano de Erdogan en Türkiye, pero eso ya es otro tema). Y como es que el gobierno sionista de Benjamin Netanyahu, se ha dado a la tarea de formar la narrativa perfecta para convencer a una potencia de clase mundial que era necesario librar esta guerra. Sin tener que convencer a la población civil por supuesto. Más bien convenciendo a la elite política de EEUU. A través del aparato de financiación más robusto en la historia política norteamericana, el lobby político sionista que otorga paquetes económicos multimillonarios para campañas a republicanos y demócratas por igual. 

Así como el trabajo encubierto que el Mossad realizó con apoyo del infame Jeffrey Epstein. Con el cual obtuvieron evidencias irrefutables sobre la perversidad innata del círculo rojo de la élite política estadounidense y occidental en general. Evidencias cuyo 15% ha sido revelado únicamente, gracias al trabajo del Departamento de Justicia de los EEUU y de la presión social. Una fracción apenas de los millones de documentos, fotos y videos, que ya ha sido suficiente para que el gobierno tenga que distraer a la opinión pública librando una guerra que no le conviene, ni práctica ni políticamente, y hasta para revelar los secretos gubernamentales sobre información de vida y tecnología extraterrestre. 

Donald Trump, en su búsqueda por volver a hacer grande a los EEUU de nuevo, se encargó de ensuciar el prestigio de potencia mundial inalienable del cual su país gozó por casi un siglo completo. Una acción que puede castigar severamente el futuro del movimiento MAGA y que, sin duda, le ha pavimentado el camino a Israel para redoblar sus esfuerzos en busca de su Estado soñado y en su tarea genocida de deshacerse de los grupos humanos que ahí habitan.

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