Busca Andy su ‘Desafuero’

Veintiún años después, el apellido López Obrador vuelve a colocarse en el centro de una disputa política que tiene como telón de fondo la presión de Estados Unidos. Esta vez no se trata de Andrés Manuel, sino de su hijo, Andrés Manuel López Beltrán, mejor conocido como Andy.

La comparación con 2005 resulta inevitable, aunque las circunstancias sean muy distintas. Entonces, López Obrador enfrentó un procedimiento de desafuero que terminó con una votación de 360 diputados a favor, 127 en contra y dos abstenciones. El argumento jurídico estaba relacionado con el desacato a una resolución judicial en el caso de El Encino; el argumento político, para sus seguidores, era otro: impedir que llegara a la elección presidencial de 2006.

El resultado terminó siendo paradójico. Aquello que pretendía debilitar políticamente a López Obrador terminó convirtiéndose en uno de los episodios que más alimentaron su narrativa de persecución y resistencia.

Ahora aparece Andy.

Estados Unidos le revocó la visa y el hijo del expresidente respondió con una carta dirigida a Donald Trump, en la que calificó la decisión como política y cuestionó que existieran pruebas en su contra. La presidenta Claudia Sheinbaum también salió en su defensa y habló de una posible injerencia en asuntos políticos mexicanos.

Por supuesto, esto no es un desafuero en términos jurídicos. No existe una declaración de procedencia, no intervino la Cámara de Diputados y la decisión estadounidense no tiene las consecuencias constitucionales que tuvo el proceso contra AMLO.

Pero políticamente puede construirse como un “desafuero” simbólico.

Y ahí está lo interesante.

En 2005, el desafuero convirtió a López Obrador en víctima de un sistema que, según su narrativa, quería impedirle competir. En 2026, la cancelación de la visa puede convertirse para Andy en un episodio que lo coloque también como víctima de una presión externa contra el movimiento que encabeza su padre.

Morena ya cerró filas con él y ha presentado el caso como una expresión de injerencia estadounidense.

La pregunta es si Andy podrá obtener el mismo beneficio político que obtuvo su padre.

Porque hay una diferencia enorme: AMLO tenía entonces una trayectoria propia y una candidatura presidencial en juego. Andy todavía necesita demostrar que puede construir un liderazgo que no dependa exclusivamente de su apellido.

Por eso, más que preguntarnos si Andy fue “desaforado”, habría que preguntar otra cosa:

¿Puede el retiro de una visa convertirse en el desafuero que necesita para construir su propia historia política?

Si la respuesta es sí, el episodio habrá dejado de ser un problema migratorio para convertirse en capital político.

Y entonces la historia tendría una curiosa vuelta de tuerca: en 2005 intentaron sacar a AMLO de la carrera. En 2026, el conflicto podría estar ayudando a colocar a su hijo en ella.

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