La disputa por la candidatura de la Cuarta Transformación al gobierno de Querétaro ha entrado en una etapa donde las estrategias parecen pesar más que los discursos. Lo que hoy ocurre dentro de Morena y sus aliados no refleja una crisis extraordinaria, sino una lucha previsible cuando está en juego la posibilidad de gobernar un estado. Sin embargo, detrás de los registros, las encuestas y los movimientos de los aspirantes, la pregunta más importante no es quién llegará a la candidatura, sino si el partido será capaz de mantenerse unido cuando el proceso termine.
El escenario es claro. La alianza de la 4T contempla que cada uno de sus partidos lleve un perfil a la encuesta final. Mientras el Partido Verde ya tiene definido a Ricardo Astudillo y el Partido del Trabajo respalda a Santiago Nieto, Morena todavía mantiene abierta una competencia entre perfiles como Gilberto Herrera, Chema Tapia y Luis Humberto Fernández. Sobre el papel parece un procedimiento ordenado, pero en la práctica revela que algunos competidores ya aseguraron un lugar en la etapa decisiva mientras otros todavía luchan por conseguirlo.
Quizá el movimiento que más interrogantes genera es el de Santiago Nieto. Si aparece constantemente como el perfil mejor posicionado en las mediciones mencionadas durante el análisis, ¿por qué buscar el respaldo del Partido del Trabajo en lugar de competir directamente dentro de Morena? La respuesta que deja entrever la conversación no parte de una certeza, sino de una interpretación política: asegurar un boleto antes de correr un riesgo innecesario. En política, evitar la primera batalla también puede ser una forma de acercarse a la victoria.
Mientras tanto, dentro de Morena el panorama sigue abierto. La percepción planteada es que Chema Tapia no ha logrado el impulso esperado desde que anunció sus aspiraciones, mientras que Gilberto Herrera enfrenta un desgaste derivado de un estilo político confrontativo que, según la apreciación compartida, no termina de convencer a todos los sectores. Sin embargo, también se reconoce que Gilberto conserva una base sólida de simpatizantes y representa, quizá como ningún otro contendiente, la imagen política asociada al obradorismo. Eso demuestra que la competencia no depende únicamente de quién hace más ruido, sino de quién logra conectar con distintos públicos.
No obstante, reducir el debate a quién ganará la encuesta sería simplificar demasiado el problema. La verdadera prueba llegará después. Quien resulte candidato no necesariamente habrá ganado la elección más importante. De hecho, podría haber obtenido únicamente el derecho de enfrentar una organización que deberá demostrar si es capaz de cerrar filas.
La preocupación surge porque, según el análisis, Morena carece de los mecanismos internos para reconciliar a quienes quedan fuera. Mientras otras fuerzas políticas cuentan con espacios de negociación derivados del ejercicio del gobierno, la coalición oficialista en Querétaro tendría menos margen para ofrecer alternativas a los aspirantes derrotados. Esa ausencia de incentivos convierte cualquier proceso interno en un terreno mucho más delicado.
El antecedente recordado durante la conversación sirve precisamente para ilustrar ese riesgo. La experiencia pasada mostró que ganar una candidatura no garantiza que todos los actores trabajen posteriormente en un mismo proyecto. Cuando las heridas de una contienda interna no cicatrizan, el problema deja de ser el candidato y se convierte en el partido.
Por eso, la discusión no debería centrarse exclusivamente en las encuestas ni en quién encabeza momentáneamente las preferencias. El verdadero reto consiste en construir una candidatura capaz de sumar a quienes hoy compiten entre sí. Porque una candidatura puede definirse mediante una encuesta, pero una elección difícilmente se gana sin unidad.
En las próximas semanas continuarán los movimientos, las licencias de funcionarios, la definición de candidaturas municipales y legislativas, así como las negociaciones entre los distintos grupos políticos. Cada decisión influirá en el equilibrio interno de la alianza.
Al final, Morena enfrenta una paradoja. Hoy todos pelean por conseguir el boleto para la contienda, pero cuando ese boleto tenga dueño comenzará el desafío más complejo: convencer a quienes no fueron elegidos de permanecer en el mismo barco. Porque en política, tan importante como llegar primero es evitar que el resto decida abandonar el viaje.
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